Un mundo, un solo camino, un solo destino y un solo
final.
Vivíamos en un lugar lleno de engaños, secuestros,
contaminación y desilusión; solo era cuestión de tiempo para que la madre
naturaleza reclamara su tierra y eliminara a las pestes que la estaban
destruyendo.
Inicio con terremotos en todo el mundo, después llegaron
grandes erupciones y al final para todos los que quedábamos vivos aparecieron
los exterminadores, bestias colosales que solamente mataban gente sin
importarles si eran niños inocentes o adultos desgastados, su misión era matar
a todo ser humano que habitase la tierra.
Cada tempestad que nos atacaba a mi familia y a mi
lográbamos superarla, queríamos continuar viviendo, no podíamos simplemente
morir y desaparecer, para nosotros el vivir lo era todo y no dejaríamos que
nada ni nadie nos quitase lo que nos había costado tanto mantener, nuestra
vida. Desgraciadamente la edad y las enfermedades también eran un enemigo duro
de evitar, mis abuelos fueron los primeros en morir, más que nada por su edad,
estaban cansados y no podían mantener el ritmo de los demás, así que una noche
simplemente se despidieron de sus tres hijas y sus nietos, y sin más que decir
durmieron eternamente. Fue una perdida amarga pero sabíamos que esa era una de
las muertes más piadosas para nosotros, así que continuamos adelante, evitando
todos los obstáculos que llegasen a aparecer, hasta encontrar otro nuevo
escondite temporal en el cual pudiésemos pasar al menos una semana a salvo.
-Estoy cansado – exclamó mi hermano después de caminar
varias horas sin descanso
-No solo tú estás cansado Dan – dijo mi tía Victoria
-Tu tía tiene razón, todas estamos cansadas – continuo mi
madre Elena
-Venga, basta de quejarnos y continuemos caminando – dijo
mi otra tía, Mercedes
Todos con un gran pesar en las piernas continuamos hacia
adelante, sin saber que era lo que nos encontraríamos seguimos caminando. Casi
al llegar la noche y tras estar más que exhaustos logramos encontrar un
escondite en una cueva que estaba oculta tras una gran arboleda. Antes de
instalarnos completamente nos aseguramos de tomar medidas preventivas contra
cualquier depredador que quisiese visitarnos mientras descansábamos, colocamos
lanzas hechas con madera en la entrada y al interior algunas trampillas para
retenerlos un poco si es que lograban entrar, una vez seguros de que estaba
todo en orden acomodamos las mantas y decidimos quien haría la primera guardia,
en esta ocasión le tocaría a mi tía Mercedes.
-Bueno tía, no olvides despertarme en la madrugada para
hacer el cambio – dijo mi hermano mientras se recostaba en un costado
-Hasta crees que se me olvidara – dijo sarcásticamente
-Está bien, es hora de dormir – dijo mi madre mientras
bostezaba
-Descansen, excepto tu Merce – comento Victoria
-Que chistosa eres Vicky – contesto algo molesta
-Soy todo un amor – rió un poco
-Sí, lo eres – dije sarcásticamente
-Tu cállate Tamy – grito
Todos reímos y bromeamos un rato hasta que el sueño logro
vencernos por tanto cansancio. Al cabo de unas horas mi tía despertó a mi
hermano para el cambio de guardia y durmió como roca hasta el amanecer. Al
salir el sol decidimos quienes deberían preparase para salir a cazar, únicamente
lo hacían dos personas para que así los demás trajeran lo necesario para poder
cocinar la carne, desgraciadamente esta vez nos tocaba a mí y a mi tía
Victoria.
-Que les vaya bien – decía mi madre mientras nos abrazaba
Mi hermano y Mercedes no dijeron nada pero en sus miradas
se notaba claramente lo que querían decir: “regresen a salvo”. Dimos media
vuelta y comenzamos a adentrarnos en el bosque, marcábamos con una daga los
árboles para encontrar el camino de regreso y escuchábamos atentamente los
sonidos provenientes del interior del bosque. Caminamos alrededor de una hora
entera sin encontrar ninguna presa pero seguimos adelante, no podíamos llegar
con las manos vacías. Al caminar otro poco logramos ver un ciervo, sin hacer
ruido tomamos posición para poder atraparlo. Victoria trepo un árbol para poder
ver con mayor claridad al ciervo y así poder darme a mí las indicaciones
necesarias para acercarme a él y matarlo. Tomo la radio y entonces comenzó a
decirme que hacer.
-Tienes que avanzar sigilosamente alrededor de esa gran
piedra, eso es. Ahora detente. El ciervo está escuchando. ¡Agáchate! Acaba de
voltear justo donde estas – hizo una pausa – Ok, continua. Vamos avanza un poco
más rápido.
Escuchar su voz ya era lo suficientemente tedioso para
mí, pero que me ordenase que hacer me sacaba de quicio. Di un gran suspiro y
continúe avanzando hasta donde se encontraba el ciervo y entonces un gran
escalofrió recorrió mi espalda, me detuve y comencé a mirar alrededor mío, algo
estaba mal.
-¿Por qué te detienes? – pregunto Victoria algo molesta
-Algo está mal – dije asustada
-¿Como que algo está mal? – dijo algo irritada
-No lo sé, siento como si… - sentí un golpe muy fuerte y salí
volando desde donde estaba
Me estrelle contra un árbol y por el impacto se me fue el
aire, estaba aterrada, no podía respirar. Oí a lo lejos los gritos de Victoria
y sabia porque estaba gritando, un exterminador o mejor dicho un dragón se había
percatado de mi presencia y venía a matarme. Lo más rápido que pude trate de
recuperarme y con otro gran esfuerzo intente ponerme de pie, con dificultad tome la radio y le hable a Victoria.
-¡Ni se te ocurra acercarte! – le grite – Solo se ha
percatado de mi presencia, ¡Vete!
No respondía, sabía que estaba pensando en venir a
ayudarme, pero ya era tarde, el dragón estaba justo frente a mí, observando
cautelosamente mis movimientos para poder matarme de un solo golpe.
-¡Solo vete Vicky! – grite con gran desesperación
Pasaron unos segundos antes de que respondiera.
-Te quiero… - fue lo único que dijo antes de salir
corriendo
Me sentí aliviada al ver que el dragón aún seguía sin
sentir su presencia, ahora ella estaba a salvo. Su mirada se volvió más
amenazante y otro gran escalofrió recorrió mi espalda, estaba muy lastimada por
su primer golpe, sabia con exactitud que con un brazo dislocado y varias
costillas rotas no lograría escapar de él, así que sin escapar de mi trágico
destino desenvaine la espada que mi abuelo me había dado y la exhibí ante el
dragón para que notase mi determinación.
-¡Venga dragón! – Grite – ¡Ataca!
Como si me hubiese entendido dio un rugido y luego se abalanzó
sobre mí.